GGJ Member Reflection on Women's March Convening DC 2019

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Piper Carters Reflection on Women's March Delegation DC 2019

Gender equity and racial justice are tightly interwoven historically, and currently Black, Brown, & Indigenous Women’s bodies, livelihoods, and opportunities have been and are heavily policed.

Women of color are at the greatest risk in this current political environment, in which right-wing conservatism is threatening a range of public services from health coverage to education access to financial regulations.

The goal of the Women’s March is to achieve gender equity for all Women and resist racialized and gendered rules, policies, institutions, and practices.

Women of color are the best suited to articulate solutions to these issues that directly impact us and our communities.

Women of color must be at the forefront of this movement to resist the inequities and injustices of these oppressive systems, which are infested with sexism and racism, lifting up those most vulnerable.

Women of color must stand together and continue resisting while working to critique and improve this movement.

I attended as a Delegate of The US Chapter of The World March of Women to be heard and make sure this Women’s movement includes voices of those of us like myself a Black Woman from Detroit.  I represented the lived experiences of those of us who are hardest hit by these policies that directly target us because we disproportionately face systemic social and economic hardships.

On Friday morning, one day before the Women’s March, I landed in DC in time to attend The Indigenous People’s March. That was a perfect way to be grounded and centered in coming together for solidarity. The smell of sage brought peace to the cold snowy overcast environment. The energy was lively and sometimes somber with drumming and songs that spoke to unity. Seeing the mix of various Indigenous traditional garments and adornments was comforting and welcoming. I got a chance to listen to a few speeches from folks from across the nation call for a unified front to support Indigenous life.

I left that beautiful gathering in the afternoon to attend a batucada drum building and decorating circle at the DC office with the other Delegates.  That is where we connected with folks we know very well and not at all. We got a chance to laugh and be creative together. Afterwards, a group of us walked back to our hotel together with our drums singing, making beats, and laughing along the way for the entire 15-20 minutes. That was probably the most radical part of this entire experience: living and being carefree and full of joy for those moments together.

I was honored and grateful to have an entire day on Sunday struggling and strategizing with the other incredible Delegates from around the world including our Comrade from Mozambique, Graca Samo.

I appreciate the space and time we were able to devote with one another raising awareness, developing capacities, deepening understandings, relationships, and solidarity to be able to continue advocating for gender equity centering safety, health, immigration, indigenous sovereignty, specifically with a grassroots feminist framework.

We were able to discuss and exchange experiences, assessing the achievements and challenges of these interventions implementing grassroots feminist values. This meeting offered us the opportunity to share and discuss information about our work and the grassroots feminist activities and practices we are implementing to ensure sustainability.

One very critical point that was lifted up is the reminder to include fathers, fatherhood, and various forms of family structure in our conversations about the society we are building. We must include everyone in our feminist economy.

We also continued lifting up our fallen Comrade Berta Cáceres, environmental and gender justice leader from Honduras.

 

español

La equidad de género y la justicia racial están firmemente entrelazadas históricamente, y hoy en día los cuerpos, los sustentos y las oportunidades de las mujeres negras, morenas e indígenas son y han sido controladas.

Las mujeres de color están en más alto riesgo en el ambiente político actual, donde el conservadurismo derechista amenaza una gama de servicios públicos desde el seguro médico hasta el acceso a la educación hasta las regulaciones financieras.

La meta de la Marcha de Mujeres es obtener la equidad de género para todas las Mujeres y resistir las reglas, las políticas, las instituciones y las prácticas de carácter racial y a base de género.

Las mujeres de color son las personas más indicadas para articular las soluciones para estos temas que directamente nos impactan a nosotras y a nuestras comunidades.

Las mujeres de color deben estar al frente de este movimiento para resistir las inequidades y las injusticias de estos sistemas opresivos que están infestados por el sexismo y el racismo; y para alzar a las personas más vulnerables.

Las mujeres de color tienen que estar unificadas y seguir resistiendo, mientras trabajan para criticar y mejorar este movimiento.

Yo asistí [a la Marcha de Mujeres] como una delegada de la división estadounidense del la Marcha Mundial de Mujeres para ser escuchada y para asegurarme de que este movimiento de Mujeres incluya las voces como la mía, una mujer negra de Detroit. Representé las experiencias vividas de todas nosotras, las más afectadas por estas políticas que nos atacan directamente porque desproporcionadamente enfrentamos dificultades sociales y económicas.

El viernes por la mañana, un día antes de la Marcha de Mujeres, llegué a [Washington] DC a tiempo para atender la Marcha de los Pueblos Indígenas. Esta fue la manera perfecta de estar arraigada y centrada en la unión para la solidaridad. El olor de la salvia trajo paz al ambiente frio y gris. La energía era alegre y a veces sombría con el sonar de los tambores y las canciones que llamaban a la unidad. Ver la mezcla de varias prendas y varios adornos tradicionales indígenas fue reconfortante y acogedor. Tuve la oportunidad de escuchar algunos discursos de personas de varios puntos de la nación que hacían un llamado para un frente unido para apoyar la vida Indígena.

Me fui de esa bella reunión en la tarde para asistir al círculo que preparaba y decoraba los tambores de la batucada en la oficina de DC con otres delegades. Fue ahí donde nos conectamos con personas que conocemos muy bien y otras que no conocemos. Tuvimos la oportunidad de reír y ser creatives juntes. Después, un grupo de nosotras camino al hotel con nuestros tambores, cantando, montando ritmos y riendo todo el camino por 15 a 20 minutos. Quizá esta fue la parte más radical de toda esta experiencia: vivir y sentirse sin preocupaciones y llenas de alegría por esos momentos juntas. 

Me sentí honrada y agradecida por tener el día entero del domingo luchando y elaborando estrategias con otres delegades de varias partes del mundo, incluyendo nuestra camarada de Mozambique, Graça Samo.

Aprecié el espacio y el tiempo que pudimos dedicar juntas, aumentando nuestra concientización, desarrollando nuestras capacidades, profundizando nuestro entendimiento, nuestras relaciones y la solidaridad para poder seguir abogando para la equidad de género centrando la seguridad, la salud, la inmigración y la soberanía indígena, particularmente dentro de un marco feminista de base.

Pudimos discutir e intercambiar experiencias, evaluar los logros y los retos de estas intervenciones implementando valores feministas de base. Esta reunión nos ofreció la oportunidad de compartir y discutir información sobre nuestro trabajo y las actividades y prácticas feministas de base que estamos implementando para asegurar la sostenibilidad.

Uno de los puntos críticos que fue alzado es el recordatorio de incluir a los padres, la paternidad y varias formas de estructuras familiares dentro de nuestras conversaciones sobre la sociedad que estamos creando. Debemos incluir a todes en nuestra economía feminista.

También seguimos alzando a nuestra camarada caída, Berta Cáceres, una líder ambiental y de género de Honduras.